
Una tarde cualquiera se transformó en un momento inolvidable gracias a la complicidad de mi esposa y mi hija. Su invitación a cenar arroz chino fue el pretexto perfecto para compartir risas, miradas y complicidad. Al final, no se trataba de la comida, sino de la fortuna de tenerlas y disfrutar la felicidad en su forma más pura.
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